Un tío con greñas, piercing en la nariz y hasta un tatuaje del señor de los anillos, que encandiló a todo el grupo. De lo mejorcito del viaje. Y la historia de ese barrio... Es sobrecogedora
Por la tarde fuimos al Mocak, el museo de arte contemporáneo. Con decir que lo que más me gustó fue la obra "Mierda de artista", una lata que contenía la mierda de un artista italiano, literalmente. Hasta tenía un chorretón por fuera. Delicioso
Comimos bien, dentro de una antigua sinagoga, muy chula. Y luego fuimos a dar una vueltita por el centro histórico. Nos tomamos unas cervezas en el Black Gallery, un bar que parecía una cueva con buen rock n roll
Pra cenar, pillamos algo de indio y nos lo comimos en el apartamento. Intentamos no pillar mucho para respetar nuestros estómagos, pero aun así la tortura de las cámaras de gas se volvió a reproducir en nuestras habitaciones. Alguno se tiró más de 50 pedos
Nos levantamos y empezaron los primeros cafés del día, unos se comieron buenas tostaducas bien mantequilladas, y otros una macedonia con unas naranjas que sabían a suela de zapato.
Cogimos el tren hacia varsovia, y mientras Anabel descansaba sabiamente, el resto se dedicaba al vicio de los juegos de mesa online. Con una hora de retraso, los ojos vidriosos del juego y un skinhead calvo, fortachón y en sisa, llegamos a Varsovia. Allí dejamos las maletas en la estación.
Nos paramos a comer unas focaccias para seguir cebando nuestro estómago, también probamos una bebida medio Cocacola medio bitterkas, no está mal pero será la ultima vez que lo beba. Otra parada para café, que no baje el nivel de cafeína, y nos vamos al monumento de copernico para empezar el freetour
La guía era muy simpática, magdalena, una polaca que había estado unos años en España y echaba de menos el txacoli y el jamón ibérico. El tour estuvo bien, aunque 6 niñatos de elche desaparecieron del tour a la media hora. Vimos el casco antiguo de Varsovia, y las fotos de cómo quedó arrasada. Al ser sábado santo, nos cruzamos con algunas familias que iban con la cestita para bendecirla. Acabamos en la estatua del niño soldado, terribilis.
El museo está bien, pero empezamos el recorrido de toda la historia judía, y cuando llegamos a la segunda guerra mundial estábamos ya reventados. Y esa era la parte que nos mola de verdad. Estuvimos más de dos horas en total, casi que nos echaron de allí.
Cogimos el enésimo Toyota , y recogimos la maleta. La única vez que teníamos que haber cogido un Uber de verdad , no lo cogimos, y fuimos cargando con ella hasta el Airbnb porque parecía que estaba más cerca de lo que parecía. Llegamos al apartamento, en un bloque ultrasovietico que nos costó un poco descubrir como entrar. No sobresalía por su limpieza tampoco. Encima tenía las ventanas abiertas durante todo el día, y sentimos un poquitín de fresquiviri.
Volvimos al piso ya reventados para comprobar que el barsa ganaba al Atleti haciendo trampas como siempre. Una partidita al skullking que ganó Anabel. Yo me enfadé como un mono porque me hizo una enorme triquiñuela jugando, menos mal que por la mañana bajó ella solita el maletón los 3 pisos. Los demás no tenemos dolores de barriga gracias a evacuar grandes niveles de metano, pero Anabel está sufriendo dolores de barriga, a ver mañana que tal
Nos levantamos por la mañana para afrontar nuestro último día en Varsovia, hoy es el primer día que no ponemos alarma y nos levantamos con más parsimonia, y el equipo se dividió en dos. Mientras Anabel y yo nos zampamos unas tostadas de mantequilla para coger fuerzas, Catalina y Joselu fueron a tomar su segundo café del día y a una tarta de queso en frente de una copia pequeña del Empire State que estaba en el centro de Varsovia. Una vez ahí, nos encontramos con ellos y nos contaron que el olor a porro que les había dado no les engañó , y enccontraron a un porrero en el callejon.
Nos fuimos dando un paseo hasta el parque litzieski que tenía un par de palacios en una isla que tenía varios palacios, era un parque muy chulo, aunque lo más importante es que joselu y yo hicimos grounding en la hierba bajo el suelo polaco. Sentir la hierba en tus pies descalzos, eso es la auténtica salud, como diría Emilio el de pitis. El parque era grande, dimos un buen paseo, tenía una reproducción de un teatro romano, vimos una ardilla, fuimos a visitar una estatua de Chopin, pero no nos dejaron acceder a las obras que había en el recinto. y una vez ahí vimos una pareja que creíamos que se iba a casar porque no paraban de hacerse un reportaje fotográfico a lo largo de nuestro paseo por el parque. El pobre calzonazos se veía harto de fotos, seguramente con ganas de llegar a casa y ver el fútbol bebiéndose una birra, pero ahí estaba llevándole la bolsa a su querida, haciendolas estúpidas poses que le ordenaba el fotógrafo. Pobre diablo. Estuvimos buscando alguna reseña o algún significativo que escondía el parque de los Beatles, pero no tuvimos la suerte de encontrarlo.
Después de eso, el domingo que era nuestro día más o menos libre y que teníamos menos ocupado... Cati decidió que era buena idea visitar una fábrica en la que había una serie de alternativas de ocio, como conciertos, galerías de moda y tal, gracias a que era domingo de resurrección, lo único que encontramos abierto fue un restaurante libanes y un bar donde tomarnos una cerveza. En el restaurante comimos súper bien, joselu y Anabel tuvieron su enesima discusión con la que no se si disfrutan o sufren. Anabel con su aferrimo feminismo, joselu intentando argumentar sin parecer un facha, hablaron largo y tendido sobre la religión musulmana y del feminismo en la misma, y eso nos entretenió bastante el tiempo de la comida.
Una vez ahí, pues salimos y nos fuimos al antiguo barrio de Praga. Cogimos otro taxi, por supuesto nos tomamos algún que otro café más por el camino y dimos una vuelta por el barrio más humilde de la ciudad. Entramos en la catedral y en la iglesia ortodoxa, donde todo es en 2D. Por el barrio Esperábamos ver algunos murales con graffiti, pero al final tampoco encontrásemos muchos. Lo que si encontramos fue a un par de personajes de dudosa reputación trapicheando en la calle. No parábamos de acordarnos de nuestro amigo "el pollo". Por algo sería....
Nos dimos un paseo por el puente y paramos a hacer una pausita sobre el vistula... mientras buscábamos la biblioteca, pues decidimos que estábamos cansados, volvimos a separar el grupo. Cati y Joselu se volvieron a casa y Anabel y yo nos quedamos visitando la biblioteca un rato antes de volver al apartamento. Apartamento que por cierto tenía un olor particular que no se definir. Una mano de pintura tampoco le venía mal, por cierto. Y un repaso con la aspiradora tampoco. Como tenemos todos alma viciosa, joselu y Cati se pusieron a jugar al Catán. Y yo a mis cartas Magic. y, descansamos todos un poco, Anabel le dolía un poco el estómago y a joselu los picores de alergia decidimos descansar y al rato pues decidimos irnos a tomar unos vodkas, que casi no lo hemos hecho en el viaje.
la ciudad estaba más o menos vacía, maldito domingo de resurrección. Al final encontramos lo que necesitábamos: EL DISPARO SHOT BAR, en el que evocamos nuestros tiempos más jóvenes estudiantes, en los que bebíamos chupitos y nos tomábamos unos chupitos y se nos subía un poco el alcohol a la cabeza.
Aparte de una larguísima carta de chupitos, hacían filigranas como los chupitos Rainbow, unos flameados sobre una torre de vasos o dispararte el chupito con una pequeña pistola de agua. Conocimos allí a un gallego salao, que estaba de Erasmus y salía por los SHOT bars. Estábamos allí un poco borrachitos algunos, porque Anabel no bebía por sus dolores de estomago, y nos fuimos allí a un indio, en el que al llegar hablamos a voces una vez más y cenábamos una cena una vez más más rica, allí empezó a llover y lo que iba a ser un paseo a casa se convirtió en un viaje en taxi una vez más por 4 euros, precio estándar de cualquier trayecto en taxi en esta ciudad. Este taxista por cierto parecía piloto de rally, que miedo la virgen.
Antes de dormir, los cuatro jugamos nuestro partida diaria de skullking. En la que joselu hizo una jugada maestra final para hacerme perder y volver a rabiar como un mono.