Estamos en un barrio animado, así que fuimos a cenar por aquí cerca. Volvimos a pedir cosas un poco más ligeras que otros días. El camarero, Ali, también era un buen personaje. Casi siempre que nos servía algo, hacia alguna acrobacia con el plato o lo que fuera. Algunas bien cutres, por cierto.
Por allí rondaban unos músicos que eran algo parecido a una tuna turca. Ya casi cuando estábamos terminando, y yo pensaba que nos librabamos, se acercaron a nuestra mesa. Que pesadilla. Se pusieron a cantarnos, y ya empezaron a decir: give bucks ! Money! Ahí saque la cartera y hice una jugada maestra, con decisión cogí los billetes más pequeños que tenía, y se los metí en el clavijero del instrumento, al lado de unos billetes de 200. 30 liras le meti. Unos 50 céntimos al cambio. En cuanto lo vieron, se levantaron y dijeron cabreados: Thank you! Jaque mate, tunantes. Id a otra mesa con el Bella Ciao.
Después llegó Ali con fruta y un postre que decía que era regalo de la casa. Y luego la cuenta. Sin desglose y que no cuadraba de ninguna forma: 2000 liras. Estimo que debería ser unas 1600 . Estábamos tan cansados que ni lo discutimos. Pagamos y nos fuimos al hotel
Ya cuando pensabamos que nada más podía ocurrir, en la recepción del hotel había otro tipo diferente, con cierto aire a Fofito. No hablaba nada de inglés, pero conseguía entender que se cachondeaba de mi. Además acababa todas las frases haciendome un saludo militar y descojonandose.
Últimos días del viaje. El cansancio ya empieza a notarse. El nivel del desayuno del hotel de Izmir es acorde al nivel del hotel: flojito, muy flojito. Por ejemplo no hay dulces , y el tostador está averiado. El encargado se ofreció a hacerme una tortilla, que no estaba nada mal, eso sí.
Fuimos a visitar Izmir. Es enorme esta ciudad, y caótica. Intentamos coger un tranvía que nos acercara al centro, pero no había máquina ni nadie para vendernos tickets. Así que nos hicimos los suecos y nos colamos, a riesgo de acabar en el expreso de medianoche
En el centro, visitamos la plaza Karnak, la torre del reloj y el ágora. Y hecho eso, todo lo que nos quedaba era el mercado de Kemeralti. Nada más y nada menos que el bazar a cielo abierto más grande del mundo
Un laberinto de calles donde nos enganchaban constantemente los vendedores intentando encontrar algún nexo con unos españoles como nosotros. Son amables eso si, pero un poco pesaetes
Después de más de dos semanas de viaje, habíamos reservado estr dia para hacer las compras. La operación regateo comenzaba. La primera compra creo que nos tangaron. 25 € por un juego de boles de aperitivo, de cerámica muy bonita, eso si. Aunque partiera de 40€ la sensación de estafa estaba ahí.
Y luego la gran transacción. Iba buscando unas camisetas de fútbol para regalar, y me tire como una hora negociando y hablando con una familia fanatica del Fenerbahçe. La oferta inicial éran 10€ por camiseta, y 40€ por unas zapatillas Adidas.
Tras tirar de todas las artimañas conocidas, hasta mencionar al puto Pedro Sánchez, o finjir de manera profesional que no teníamos más dinero enseñándole la cartera, o tirarme un farol con que quitara las zapatillas que ya no me interesan, conseguí 3 camisetas y las zapatillas por 45€. Está vez eran ellos los que no parecían nada convencidos de la operación, por la forma de hablar que tenían entre ellos. Por una vez creo que gané el regateo
Nos tomamos un te en la plaza del bazar, y luego estuvimos peregrinando casi dos horas con el calorazo para intentar comprar la tarjeta del tranvía. Que mal organizado está todo, y que calor pasamos de un lado a otro. Al final un tío nos instaló una aplicación en el móvil, y con ella pudimos pasar
Llegamos casi a las 16:00 al hotel, tan cansados, que ni comimos. Directamente a la ducha y la siesta. Después, fuimos al Kordon a ver el atardecer mientras echábamos una cerveza en un bar de allí. Por 13 minutos tarde el viejo no quiso aplicarnos la Happy hour. En fin
Luego cenamos en otro sitio, unos mezes, unas keftas riquísimas y un raki. Está vez no me sentí estafado con el precio como otras veces. Además, en el restaurante de enfrente apareció una tía buenísima a bailar para los comensales y menear las tetas y el culo, mientras en cada mesa le iban metiendo billetes en el tanga. Hasta las tías le metían billetes en el escote. Lo más parecido a un streaptease en la calle. Cuando se empezaron a acercar a nuestra mesa, nos fuimos raudos y veloces. Otra jugada de rata maestra
Después Anabel quería ir a una discoteca turca, pero los comentarios en Google eran horribles, y decían que a los turistas los estafaban muchísimo allí. Así que me libre de la dichosa discoteca. Nos tomamos una cerveza en un sitio que no estaba nada mal, y donde pudomosechar una partida de dardos. Estaba también jugando el Fenerbahçe. Me acordé de mis amigos de la mañana, y el buen trato que hicimos
Al volver al hotel, el encargado estaba piripi viendo el fútbol, y me saludó efusivamente: "Javier Alonsoooo!! Fenerbahçe !!!" Me decía con un raki en la mano. "Tomorrow turkish breakfaaast!!". El Fenerbahçe ganó y se clasificó para la champions. Y yo ya soy fan de Fenerbahçe